CAPÍTULO 1
Durante toda mi vida, me dediqué a leer libros de caballerías...,y otras cosas.
Sentía las aventuras, en mis lecturas, como si fuese el mismo protagonista.
Sentía las batallas, desafíos y amores de los personajes, tanto,que habría querido vivir en aquella época y ser uno más de aquellos caballeros andantes, en busca de aventuras remotas.
Conocía a la perfección el carácter de cada caballero de todos los librosdemi enormebibliotecay en ocasiones tenia alguna discusión que otra con el cura del pueblo (que también era de su gusto, el leer libros de caballeros andantes), sobre que caballero era mejor en la batalla. También participaba en esta discusión amistosa, el barbero del pueblo, maese Nicolás, que normalmente defendía sobre cualquier cosa al Caballero del Febo y don Galaor, por su valentía y honor. Para mí, el gigante Morgante era unode mis preferidos.
Era tan profundo mi deseo, (el de querer vivir en aquella época y convertirme en caballero andante), que sin pensarlo dos veces, decidí montarme a mi rocín, y salir en busca de aventuras, para convertirme en el mayor y mas famoso caballero de la época.En todas las partes de España se escucharía mi nombre, Don Quijote de la Mancha, o eso pensaba yo antes de volver ala corduray antes de la ausencia de mi locura.
Eso sí, antes debía buscar una doncella de la que enamorarme. No es caballero andante aquel que no tiene una dama por la quién luchar y enamorarse profundamente de ella.
En primer lugar, bauticé a mi rocín con el nombre de Rocinante, agresivo y sifnificativo nombre, para el caballo que en el futuro sería el caballo del jinete mas famoso.
Luego, salí en busca de aventuras aunque luego me dí cuenta de que no tenia todos los requisitos de ser un buen caballero...